La pertenencia a una pandilla no termina, solo se “suspende”

La Directora General de Alianza para la Paz, Ana Glenda Tager, participará en la Mesa Redonda que analizará las situaciones de riesgo para niñas, niños, adolescentes y jóvenes. Antes de su llegada a Salamanca, hemos mantenido una entrevista con ella para hablar de las pandillas juveniles o maras.

¿En qué países predominan las maras? ¿Se han extendido a otras zonas?

En Centroamérica existen grupos de maras y pandillas.  La diferencia entre mara y pandilla es la autodefinición del grupo.  Se autodefinen como maras la Mara Salvatrucha (MS-13) y en el caso de El Salvador la Mara Máquina que mantiene el título de mara por existir desde los 70´s.  En consecuencia el resto de grupos son todos grupos de pandillas. Si se utiliza el término mara para un pandillero que no sea de la MS o la Máquina, esto es considerado un agravio. 

Las pandillas dominantes en los tres países del Triángulo Norte de Centroamérica son:

  • En Guatemala son la Mara Salvatrucha 13 (MS-13) y el Barrio 18 (Calle 18). Según el informe de USAID Central America and Mexico Gang Assessment, la MS-13 agrupa aproximadamente al 80 por ciento de los miembros de las pandillas de Guatemala; el Barrio 18 dirige las lealtades del otro 15 por ciento; y el 5% restante agrupa otras pandillas tales como los Breakers (BKS) o los Wifers (WF). 
  • En Honduras las pandillas Mara Salvatrucha 13 y Barrio 18 son las mas numerosas aglomerando juntas el 97% de los pandilleros del país.  También operan otras pandillas que representan la minoría como la Mara Organizada Gangster (MOG), West Side y Mara 61.
  • En El Salvador las pandillas mayoritarias son el Barrio 18 y la Mara Salvatrucha (MS-13). La pandilla predominante es la MS, mientras la pandilla Barrio 18, está dividida en dos facciones: los Sureños y los Revolucionarios. Adicionalmente operan La Máquina, Mirada Locos y Mao-Mao que no tienen cobertura en todo el territorio nacional.

Las maras y pandillas operan en distintos países. Iniciaron en Estados Unidos, y mayoritariamente se les relaciona con países como El Salvador, Honduras y Guatemala.  Existen otras pandillas también en México, Colombia, Ecuador, Brasil.  Se tienen estudios de que este tipo de grupos tienen también presencia en países como España, Italia e incluso Australia.

Aunque es complicado conocer la estructura de las maras y cómo están organizadas ¿han evolucionado en los últimos años en este sentido?

La estructura de las maras y pandillas es jerárquica.  Están estructurados desde las clicas o unidades operativas de barrio hasta los liderazgos nacionales que conforman en el caso de la MS la “ranfla” y en el caso del Barrio-18 “la rueda”.

Las pandillas mutan constantemente como forma de sobrevivencia ante la represión de los Estados. En ese sentido mutaron desde su vestimenta, la utilización de tatuajes, los barrios donde viven, los liderazgos y otros símbolos que han venido adaptando según las circunstancias y el contexto.

¿De qué manera afecta a la vida de una ciudad la existencia de estas pandillas?

Los países del Triángulo Norte de Centroamérica –El Salvador, Honduras y Guatemala- son considerados dentro de los más violentos a nivel mundial debido, principalmente, a las altas tasas de homicidios, las cuales rebasan los niveles alcanzados durante los conflictos armados de los años 70’s y 80’s en Guatemala y El Salvador. Junto con el fin de la violencia política asociada a esos conflictos, la suscripción de acuerdos de paz y el viraje hacia la democracia, tuvo lugar un alarmante aumento de la violencia criminal. La criminalidad se convirtió en un medio para la generación de recursos y actividades ilegales y la violencia en el recurso que garantiza el control y acceso a dichos medios.

Las pandillas rivalizan entre sí por la defensa y control de su territorio, lo que los lleva a protagonizar constantes episodios de violencia. La violencia criminal afecta especialmente a los grupos más vulnerables de la sociedad y en especial a los jóvenes, ya que la mayor parte de las víctimas mortales de la violencia son jóvenes provenientes de segmentos marginales de la población.

La vida cotidiana en estos países se ve afectada por la guerra entre pandillas lo cual supone aceptar que, si bien no son dos ejércitos formales los que se enfrentan, el nivel de agresividad, daños colaterales, capacidad de fuego, control territorial y efectos psicológicos ha llegado a convertir a la región en un escenario de guerra. El nivel de homicidios que se vive es el resultado de esa confrontación entre grupos, y por lo tanto la mayoría de víctimas son los jóvenes miembros de las pandillas pero también hay otras víctimas colaterales ya sea por fuegos cruzados, la negativa a pagar extorsiones, pasar de un territorio controlado por un grupo a otro, etc.

¿Qué relación existe entre las maras y el crimen organizado?

No existe una definición universalmente aceptada para crimen organizado. La más próxima es la de la Convención de las Naciones Unidas contra la delincuencia organizada transnacional (Convención de Palermo) que, en su artículo 2 literal a), define: por “grupo delictivo organizado” se entenderá un grupo estructurado de tres o más personas que exista durante cierto tiempo y que actúe concertadamente con el propósito de cometer uno o más delitos graves o delitos tipificados con arreglo a la presente Convención con miras a obtener, directa o indirectamente, un beneficio económico u otro beneficio de orden material. En las legislaciones de los países centroamericanos la definición de crimen organizado difiere de un país a otro.

Con la definición de la Convención de Palermo, las pandillas fácilmente pueden ser tipificadas como grupo delictivo organizado. Sin embargo, al profundizar en el tema, se aprecia la diferencia entre el actuar de las pandillas y lo que puede ser considerado crimen organizado debido a que para las pandillas el objetivo principal de su existencia no es el crimen sino la identidad de grupo. Adicionalmente hay indicios de participación de las pandillas en hechos con y de criminalidad organizada, pero es más a nivel individual que del grupo (por ejemplo: 1) bomba en bus en San José Pinula en enero de 2017 en Guatemala. Los pandilleros que colocaron la bomba fueron muertos por sus compañeros en la cárcel por haber actuado sin consentimiento del grupo. 2) Cooperativa de transporte urbano en Guatemala. Los cooperativistas estaban siendo extorsionados por uno de sus miembros, quien contrató pandilleros para atacar los buses e incluso dieron muerte a pilotos).

Así mismo, algunos miembros de pandillas o clicas determinadas se relacionan con el narcotráfico pero más en acciones concretas como homicidios por encargo, protección en el tráfico de la droga o narcomenudeo. Debe tenerse presente que la mayoría de las drogas transitan por vía aérea o marítima y, las pandillas, están mayoritariamente en áreas urbanas.

En la mayoría de ocasiones, las pandillas son etiquetadas como crimen organizado, atribuyéndoles la mayoría de delitos, para ocultar las deficiencias de la policía o de la fiscalía; o bien, como cortina de humo, para distraer la atención sobre narcotráfico, tráfico de armas, contrabando, lavado de dinero, corrupción u otros delitos que son menos advertidos por los medios de comunicación y, en consecuencia, por la sociedad.

¿Existe una preocupación real de las administraciones por la existencia de estas organizaciones? Si es así…¿qué medidas toman para abordar el problema?

La  respuesta de los gobiernos ha privilegiado la mano dura para combatir dicho fenómeno. Por ejemplo, las políticas en El Salvador de mano dura (2003) y súper mano dura (2004) o la Ley de Proscripción de Pandillas (2010); la política de cero tolerancia y la Operación Trueno en Honduras (2003) o el Plan Escoba en Guatemala (2003), en dónde, además, se registró un número importante de ejecuciones extrajudiciales de jóvenes residentes en barrios marginales.  Basta ver el aumento casi vertical en los índices de homicidios para conocer el resultado de tales políticas.

La mayoría de estrategias de intervención, han partido de un enfoque basado fundamentalmente en el paradigma del cumplimiento de la ley (law enforcement) dominante en las agencias de seguridad tanto nacionales como internacionales, de acuerdo al cual la simple pertenencia a la mara o la pandilla implica la comisión de delitos y , en consecuencia, el abandono de dicha agrupación y la reinserción de sus miembros en la sociedad son un requisito fundamental para reducir la violencia. Ha predominado la concepción transnacional del fenómeno más allá de las particularidades nacionales y locales del mismo. El riesgo ha sido considerar el fenómeno de las maras y pandillas como una expresión casi homogénea en toda la región cuando la evidencia permite observar que el mismo fenómeno adquiere características diferentes en cada país debido a su flexibilidad y adaptación a los contextos socio-políticos.

El discurso sobre la violencia de las pandillas es el paradigma dominante que estructura la explicación de cualquier tema asociado a éstas. Los gobiernos implementan políticas de seguridad orientadas a combatir la violencia como el único aspecto relevante del problema de las pandillas tal como puede observarse en la definición de políticas regionales:

  • En  agosto de 2016 los mandatarios de El Salvador, Guatemala y Honduras, Salvador Sánchez Cerén, Jimmy Morales y Juan Orlando Hernández, respectivamente, acordaron la creación de la fuerza conjunta para la lucha contra la violencia, conformada por autoridades de seguridad, justicia, inteligencia y defensa. La denominaron “Fuerza Trinacional”. Conformada a iniciativa de Juan Orlando Hernández para complementar con el Plan la Alianza para la Prosperidad www.enee.hn/index.php/gobierno-central/156-periodistas/978-crea-fuerza.
  • En Septiembre de 2017, la Operación Escudo Regional. “es una respuesta directa a las metas de nuestro gobierno para desmantelar redes criminales transnacionales y aumentar la cooperación internacional para prevenir la propagación del crimen organizado transnacional hacia los Estados Unidos” dijo el fiscal adjunto de EEUU Kenneth A. Blanco. “Cada vez más, el crimen organizado transnacional -y la violencia que lo acompaña- afecta a las comunidades en los EEUU dejando efectos devastadores en su camino. Actos de violencia espeluznantes atribuibles a las pandillas que acosan nuestras comunidades”. EEUU a promovido la Operación Escudo Regional en el Triángulo Norte, la 1era en septiembre 2017; la 2da en abril de 2018; y, la 3era el 6 de noviembre de 2018, mayoritariamente los detenidos son miembros de la MS-13. Ver nota:

www.elnuevoherald.com/noticias/sur-de-la-florida/article176212751.html

¿Termina en algún momento la pertenencia a una mara o se prolonga a lo largo de la vida? ¿Qué salida tiene alguien que haya pertenecido a una mara?

La pertenencia a una pandilla no termina, solo se “suspende”. A esta suspensión la llaman “calmarse”. Para ello se requiere que la persona (a) se vincule a la iglesia (generalmente cristiano evangélicas), (b) deje de delinquir y (c) se dedique a la familia (aunque esto último depende de qué tanto la persona ha dado de sí a la pandilla). Como se dijo antes, la pertenencia no termina, solo se suspende, pues en cualquier momento la pandilla puede pedir al “calmado” que haga algo para ella. No un homicidio, pero sí para obtener información de alguien, servir de mensajero, esconder armas, transportar dinero. Trabajos que no impliquen hechos violentos.

Lo más difícil para quien puede “calmarse”, es su reintegración a la sociedad. El sistema penitenciario no rehabilita, la policía continúa agrediéndolos en las calles, existe criminalización por parte de la sociedad y por lo tanto es difícil que consigan empleo y, siempre existirá el riesgo de que los miembros de pandillas rivales le den muerte.

Las pandillas pueden continuar existiendo, pero debe trabajarse con ellas como grupo para sus transformación a grupos productivos dentro de la legalidad, participando la sociedad en su conjunto. Es decir con la participación de iglesias, autoridades de gobierno, local y nacional, y empresariado.

¿Hay alguna solución que termine definitivamente con las maras? Como experta, ¿cuál sería tu opinión en este aspecto?

Las políticas estatales implementadas hasta el momento en la región han estado enfocadas en acciones de reacción por parte del Estado y en acciones de rehabilitación individual por parte de diferentes grupos de sociedad civil, iglesias y algunos esfuerzos de la comunidad internacional. En la confrontación entre pandillas y de pandillas con el Estado, éstas se fortalecieron tanto en sus niveles de organización como en su capacidad de fuego. Ante esto, la policía, más que buscar su fortalecimiento dentro de los marcos del Estado de Derecho, fortaleció sus aspectos más represivos y violentos, con lo que la violación a los derechos humanos se convirtió en la regla. Hasta el momento se ha probado el fracaso de las políticas anti-pandilla (mano dura) pero a pesar de ello se continúan ejecutando de diferentes formas.

Los integrantes de las pandillas se sienten vinculados al grupo como si esta fuera su familia y por esa razón les es difícil poder desvincularse de ella, dado que existen lazos psicológicos y afectivos muy fuertes. Esta es la razón primordial por la que se les hace imposible incorporarse en procesos de rehabilitación de carácter individual, ya que estos parten del supuesto de que es necesario abandonar la pandilla para reinsertarse a “la vida normal”.  Las pandillas cumplen la función de absorber grandes grupos de población desprovistos de mecanismos de integración social y económica. Más allá de las actividades criminales, la pandilla, como forma de organización social y mecanismo para la construcción de identidad colectiva, cumple una serie de funciones que contribuyen a la integración social de grupos en contextos de vulnerabilidad y marginalidad.

En ese sentido, no debe partirse de la premisa de terminar con las pandillas, sino de transformarlas como grupo y de ofrecerles alternativas de integración social. Un rasgo común del fenómeno en los tres países, es que sus diferentes grupos están compuestos mayoritariamente por jóvenes vulnerables ante las carencias del Estado, que viven en entornos con el tejido social deteriorado y esto hace que las pandillas posean una fuente inagotable de recursos humanos en este tipo de sociedades.

Es necesario tener una visión integral del fenómeno del conflicto y el tipo de violencia que se quiere transformar; en este caso, conlleva la necesidad de ver el problema de las pandillas como un fenómeno social, no solo desde un enfoque securitario.

La violencia es un fenómeno directamente determinado por el contexto social, político y económico, entonces, los procesos orientados a su reducción también deberán ser adecuados al contexto. Esto implica repensar el rol de los actores ilegales en función de la relación violencia-contexto.

En ese sentido, dado que la violencia entre pandillas es uno de los principales factores de la situación de inseguridad y que la reducción de la violencia es fundamental para la construcción de la paz, las pandillas, entendidas desde una perspectiva social, deben ser consideradas como actores clave de los procesos de cambio social. De no ser incluida esta población con el resto de la sociedad se corre el riesgo de su radicalización, de que se vuelva a la guerra por los territorios y se establezcan mayores vínculos con el crimen, que se extiendan los niveles de violencia a otros sectores, que el sistema penitenciario colapse por completo y se pueda continuar con prácticas de limpieza social y de ejecuciones extrajudiciales que generarían una deslegitimación de las instituciones y la reproducción de la exclusión social como sistema.

Publicado por

Elena Martín Morollón

Periodista, productora multimedia y podcaster. https://es.linkedin.com/in/elenamartinmo

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